HALLOWEEN... CUESTIÓN DE CREENCIAS

 

La verdad sobre las celebraciones populares y los símbolos de Halloween son fáciles de identificar: las brujas, los fantasmas, las calabazas, las hogueras y la expresión trick or treat (“travesura o golosina”), con la que esa noche los niños amenazan a sus vecinos para que les den golosinas. Pero ¿qué hay detrás de esta celebración y otras similares? Halloween también se conoce por el nombre de All Hallow Even, es decir, víspera del día de Todos los Santos. Sin embargo, este nombre supuestamente cristiano oculta orígenes que están muy lejos de ser santos. De hecho, los entendidos dicen que esta fiesta se remonta a un tiempo muy anterior al cristianismo: la era en la que los antiguos celtas habitaban Gran Bretaña e Irlanda. Estos utilizaban un calendario lunar y dividían el año en dos estaciones: los meses oscuros de invierno y los meses claros de verano. En la noche de luna llena más próxima al 1 de noviembre celebraban la fiesta de Samhain, término que significa “Final del Verano”. Dicha festividad, que señalaba el comienzo del año nuevo celta, tenía lugar al final del verano, una vez recolectada la cosecha y cuando los rebaños y las manadas ya habían sido recogidos de los pastos y se encontraban en los cercados. Los celtas creían que, como los días se hacían más cortos, era necesario reavivar al Sol con una serie de ritos y sacrificios. Como símbolo de la desaparición del año viejo, se apagaban todos los fuegos y, para inaugurar el año nuevo, se encendían hogueras sagradas de las que todos los miembros de la comunidad tomaban brasas para volver a prender la lumbre de sus hogares. También se creía que a los malos espíritus se los ahuyentaba con aquellas hogueras, de las que hoy día se puede ver un reflejo en la Noche de Guy Fawkes, de Gran Bretaña, y en las festividades de junio, de Brasil. Según la creencia popular, en la fiesta de Samhain se abría el velo que separaba el mundo humano del sobrenatural, y los espíritus, buenos y malos, vagaban por la Tierra. Como se pensaba que las almas de los muertos regresaban a sus casas, las familias sacaban comida y bebida para sus visitantes fantasmales con la esperanza de apaciguarlos y protegerse del mal. De modo que cuando hoy día los niños disfrazados de fantasmas o brujas van de casa en casa en Halloween amenazando con una travesura si no se les da una golosina, están perpetuando inconscientemente los antiguos ritos de la fiesta de Samhain. Jean Markale dice lo siguiente en su libro Halloween, histoire et traditions (Halloween: historia y tradiciones): “Al recibir algo en sus manos, los niños establecen, en un plano simbólico incomprensible para ellos, un intercambio fraternal entre el mundo visible y el invisible. De ahí que las mascaradas de Halloween [...] sean, de hecho, ceremonias sagradas”. Como la gente creía que habían desaparecido las barreras entre el mundo físico y el sobrenatural, pensaba que los seres humanos podían pasar con facilidad al mundo de los espíritus. De modo que Samhain era una ocasión sumamente propicia para desentrañar los secretos del futuro. Dado que las manzanas y las avellanas se consideraban frutos de árboles sagrados, se utilizaban para adivinar información tocante al matrimonio, la enfermedad y la muerte. Por ejemplo, en una tina de agua colocaban una serie de manzanas identificadas con una marca. El joven o la joven que agarraba una valiéndose solo de la boca podía, supuestamente, identificar a su futuro cónyuge. Esta práctica adivinatoria subsiste hoy día en el juego de Halloween consistente en tratar de atrapar con los dientes unas manzanas que flotan en agua. Otras características de la fiesta de Samhain eran la borrachera, la diversión estrepitosa y la pérdida de inhibiciones. “Los valores tradicionales, si no se descartaban, se invertían —dice Markale—. Lo que estaba prohibido se permitía, y lo permitido se prohibía.” Halloween todavía refleja este espíritu en la actualidad, lo que sin duda explica bastante bien su creciente popularidad. Según The Encyclopedia of Religion, esta fiesta es hoy día “una ocasión en la que los adultos también pueden cruzar los límites culturales y liberarse de su identidad permitiéndose una noche de frivolidad sin inhibiciones. Así que la característica fundamental de la fiesta celta, la de una noche al año de evasión de las realidades y expectativas normales, ha perdurado hasta el siglo XX”. Rivalidad religiosa Los irlandeses que emigraron a Estados Unidos en el siglo XIX huyendo de la hambruna ocasionada por la gran escasez de papas, introdujeron en ese país la fiesta de Halloween y sus costumbres. Y de allí la ha vuelto a recibir Europa en los últimos años. Sin embargo, no todos ven con buenos ojos su creciente popularidad. Según el diario francés Le Monde, “Halloween, festividad que coincide con la del día de Todos los Santos y la del día de los Difuntos (1 y 2 de noviembre), y hasta podría reemplazarlas, hace felices a los comerciantes e infunde pánico en los eclesiásticos”. En Francia, a los representantes de la Iglesia les preocupa la decadencia de las fiestas católicas tradicionales a causa de la festividad de Halloween, y ven este fenómeno como una señal de la “paganización de la sociedad”. Para Stanislas Lalanne, portavoz de la Conferencia Episcopal Católica de Francia, Halloween ‘desfigura el significado de la vida y la muerte’. Jean Bonfils, obispo de Niza, dijo que “esta celebración y sus rituales no tienen nada que ver con nuestra cultura mediterránea y cristiana”, y previno a los católicos contra “la fiesta más importante de los satanistas del mundo entero”. Respecto al abandono de las tradiciones católicas por parte de los franceses en favor de tales fiestas paganas, Hippolyte Simon, obispo de Clermont-Ferrand, afirma: “Es como si la sociedad francesa estuviera buscando una especie de religión civil capaz de reemplazar el simbolismo cristiano”. También escribe: “Con Halloween se imita a los muertos, y sus ‘fantasmas’ regresan para asustarnos y amenazarnos con la muerte. En el día de Todos los Santos, por el contrario, afirmamos que los difuntos están vivos y que tenemos la promesa de que nos uniremos de nuevo a ellos en la Ciudad de Dios” (Vers une France païenne? [¿Hacia una Francia pagana?]). En esta misma línea, Carlo Maria Martini, cardenal de Milán (Italia), instó a los italianos a que no abandonaran las fiestas católicas y dijo: “Halloween es ajeno a nuestra tradición, la cual tiene un inmenso valor y debe continuar. El día de los Difuntos es una celebración que pertenece a nuestra historia. Es el momento en el que se abre la esperanza de la vida eterna, un momento en el que el Señor nos hace comprender que la vida abarca más que la existencia terrenal”. Seguramente hay muchos católicos sinceros que opinan lo mismo. Ahora bien, ¿es tan obvia la distinción entre Halloween y el día de los Difuntos como estos comentarios nos quieren hacer creer? ¿Qué nos revela un examen minucioso de las raíces de estas festividades católicas? Una mascarada santa El día de Todos los Santos se define en The Catholic Encyclopedia como una fiesta para “honrar a todos los santos, conocidos y desconocidos”. A finales del siglo segundo, los supuestos cristianos empezaron a honrar a los que habían sufrido martirio por su fe y, creyendo que ya estaban con Cristo en el cielo, les pedían en oración que intercedieran a su favor. Se inició una conmemoración anual el 13 de mayo del año 609 ó 610 E.C., cuando el papa Bonifacio IV consagró a María y a todos los mártires el Panteón, templo romano dedicado a todos los dioses. Markale dice: “Los santos de la religión triunfante pasaron a ocupar el lugar de los dioses romanos”. El cambio de fecha al mes de noviembre tuvo lugar durante el pontificado de Gregorio III (731-741 E.C.), quien consagró en Roma una capilla a todos los santos y mandó que se les honrara el 1 de noviembre. Aunque no se sabe exactamente por qué lo hizo, tal vez se debió a que en Inglaterra ya se celebraba dicha festividad en esa fecha. The Encyclopedia of Religion dice: “Samhain siguió siendo una fiesta popular de los celtas durante la cristianización de Gran Bretaña. La Iglesia británica trató de desviar el interés que existía en las costumbres paganas incorporando en el calendario una celebración cristiana en la misma fecha que la fiesta de Samhain. [...] Es posible que la conmemoración medieval británica del día de Todos los Santos haya dado lugar a la celebración universal de esta fiesta por parte de toda la Iglesia cristiana”. Markale señala la creciente influencia en toda Europa de los monjes irlandeses de la época. La New Catholic Encyclopedia añade: “Los irlandeses solían destinar el primer día del mes a fiestas importantes, y como el 1 de noviembre era también el comienzo del invierno celta, sería una fecha apropiada para una festividad dedicada a todos los santos”. Finalmente, en 835 E.C., el papa Gregorio IV la convirtió en fiesta universal. En el siglo XI, los monjes de Cluny (Francia) fijaron el 2 de noviembre como el día de los Difuntos, festividad en la que se elevan plegarias para ayudar a las almas del purgatorio a alcanzar la gloria celestial. Si bien pretende ser una fiesta católica, es obvio que había cierta confusión en la mente de la gente de término medio. La New Catholic Encyclopedia dice que “en la Edad Media existía la creencia popular de que las almas del purgatorio podían aparecerse ese día en la forma de fuegos fatuos, brujas, sapos, etc.”. Al no poder desarraigar las creencias paganas del corazón de sus feligreses, la Iglesia simplemente las ocultó tras una máscara “cristiana”, como pone de relieve The Encyclopedia of Religion al decir: “La festividad cristiana, el día de Todos los Santos, conmemora a los santos conocidos y desconocidos de la religión cristiana, tal como la fiesta de Samhain reconocía y rendía homenaje a las deidades celtas”. Cómo debemos ver las celebraciones populares ¿Debería preocuparnos mucho el oscuro pasado de Halloween y otras celebraciones similares? Al fin y al cabo, en la mente de la mayoría de las personas, Halloween no es mucho más que una ocasión para disfrazarse y divertirse. Pero ¿no es cierto que los padres deben asegurarse de que la forma de esparcimiento que sus hijos escojan sea sana y no les perjudique? A un inspector escolar de Francia con más de veinte años de experiencia docente se le preguntó qué tipo de influencia creía él que ejercía en los niños la fiesta de Halloween. Su respuesta fue: “Temo que, a la larga, el hecho de ir de casa en casa amenazando a los adultos para obtener golosinas tenga consecuencias nocivas en los niños. Puede fomentar una personalidad egoísta y egocéntrica. Aprenden que haciendo presión, exigiendo con amenazas y asustando, pueden conseguir lo que quieren”. De modo que los padres deberían preguntarse qué “lecciones” aprenderán sus hijos al celebrar esa fiesta. Muchas familias reconocen que ceder a las exigencias de los niños en lo que tiene que ver con las golosinas y los disfraces puede resultar bastante costoso. “Halloween [...] no es un día festivo; es la comercialización de un acontecimiento”, dice Robert Rochefort, director general del Centro de Investigación para el Estudio y la Observación de las Condiciones de Vida, de Francia. Halloween llena un período de calma previo al de las compras navideñas. Es decir, no es más que otra manera de presionar a la gente para que gaste dinero, dinero que muchos no pueden permitirse el lujo de gastar. ¿Tenemos que dejarnos llevar por la corriente en este asunto? De todas formas, a los cristianos les preocupa aún más el hecho de que Halloween y otras celebraciones similares estén saturadas de paganismo. El apóstol Pablo escribió: “No quiero que ustedes tengan nada en común con los demonios. No pueden beber de la copa del Señor y, a la vez, de la copa de los demonios” (1 Corintios 10:20-22, Versión Popular, 1994). También preguntó: “¿Qué tienen en común la justicia y la injusticia? ¿O cómo puede la luz ser compañera de la oscuridad? No puede haber armonía entre Cristo y el diablo, ni entre un creyente y un incrédulo” (2 Corintios 6:14-16, Versión Popular, 1983). De modo que la Biblia condena categóricamente la idea de ocultar una práctica pagana tras una máscara cristiana. Las Escrituras también previenen contra el espiritismo (Deuteronomio 18:10-12). Si bien es cierto que la inmensa mayoría de los que celebran Halloween dirían que les repelen las prácticas satánicas, deberíamos tener presente que esta fiesta siempre ha tenido mucha relación con el ocultismo. De modo que puede ser una puerta al espiritismo, en especial para los jóvenes influenciables. Los ritos y tradiciones paganos con tintes espiritistas obviamente no tienen cabida en la adoración cristiana; no son nada inofensivos. Finalmente, está el hecho de que tanto Halloween como el día de Todos los Santos y el día de los Difuntos se basan en la creencia de que los muertos sufren o de que de alguna manera pueden perjudicar a los vivos. Sin embargo, la Biblia indica claramente que tales creencias no son ciertas, pues dice: “Los vivos tienen conciencia de que morirán; pero en cuanto a los muertos, ellos no tienen conciencia de nada en absoluto” (Eclesiastés 9:5). De ahí que aconseje: “Todo lo que tu mano halle que hacer, hazlo con tu mismo poder, porque no hay trabajo ni formación de proyectos ni conocimiento ni sabiduría en el Seol [la sepultura común de la humanidad], el lugar adonde vas” (Eclesiastés 9:10). Como los muertos están inconscientes y, por lo tanto, no pueden sufrir ni perjudicar a nadie, no tenemos nada que temer de ellos. Además, las oraciones para ayudarlos tampoco son de utilidad alguna. ¿Significa esto que no existe ninguna esperanza para nuestros difuntos? No. La Biblia nos garantiza que “va a haber resurrección así de justos como de injustos” (Hechos 24:15). Con el conocimiento viene la libertad de elección. No se puede esperar que tomemos decisiones inteligentes si no conocemos todos los hechos. Tras analizar lo que se ha presentado en estos artículos, ¿qué decidirá usted? [Notas] Es posible que Samhain no sea, como suele decirse, el nombre del dios celta de la muerte, sino el de la fiesta en sí. Según Jean Markale, especialista francés en los celtas, la figura que se honraba durante la fiesta de Samhain era probablemente Lug, el dios de la luz. Por cierto, esta fecha coincidía con la fiesta romana de las Lemurias, celebrada los días 9, 11 y 13 de mayo para aplacar las almas de los difuntos e impedir que se aparecieran a sus parientes y les hicieran daño.

LA FACINANTE FUERZA DE LA GRAVEDAD

 

 

Hace unos trescientos años, Isaac Newton teorizó sobre el funcionamiento de la fuerza de la gravedad. Imaginó a un hombre arrojando un objeto desde la cima de una montaña extraordinariamente alta. Si se limitaba a dejarlo caer, el objeto se precipitaría hacia abajo, al suelo, como lo haría una manzana que cayera de un árbol.

Sin embargo, si lo arrojaba hacia adelante, caería al suelo siguiendo una trayectoria curva. De modo que Newton razonó que si se arrojaba con la suficiente fuerza, daría vueltas en órbita alrededor de la Tierra.

Gracias a esta teoría, pudo ver la relación existente entre la gravedad y los movimientos de la Luna y los planetas: la Luna se mueve siguiendo una órbita alrededor de la Tierra debido a la atracción de la gravedad de esta, y los planetas siguen en sus órbitas por la gravedad del Sol.

Una ley universal

Después de mucho estudio, Newton formuló una descripción matemática precisa de esta ley universal. Sus ecuaciones decían, en términos sencillos, que todos los objetos —pequeños o grandes— se atraen entre sí, y que la fuerza de esa atracción está en función de la masa de los objetos y de la distancia que los separa.

Aunque con algunos retoques, los científicos todavía usan las fórmulas básicas de Newton sobre la gravedad, en particular a la hora de preparar proyectos espaciales, como el de enviar sondas espaciales al encuentro del cometa Halley en 1985. De hecho, el astrónomo inglés Edmond Halley, colega de Newton, utilizó las teorías de este para predecir el año en que volvería a aparecer dicho cometa.

Los descubrimientos de Newton sobre la gravedad le permitieron entrever el orden manifiesto en el universo, un orden proveniente de diseño inteligente. No obstante, su trabajo de ningún modo ha supuesto la última palabra sobre el tema. A comienzos de este siglo hubo científicos que se dieron cuenta de que algunos aspectos de las teorías newtonianas eran deficientes, hasta inconsecuentes.

Einstein y la gravedad

En 1916 Albert Einstein formuló su teoría general de la relatividad. Su sobresaliente descubrimiento fue que la gravedad no solo da forma al universo, sino que también gobierna nuestra manera de verlo y medirlo. Incluso afecta la manera de medir el tiempo.

También en este caso una ilustración nos ayudará a entenderlo. Imagínese que el espacio es como una superficie de goma sin límites. Si colocáramos un objeto sobre esta estera flexible, se produciría una depresión. Según el modelo de Einstein, la Tierra, el Sol y las estrellas son como esos objetos colocados sobre una estera flexible, que hacen que el espacio se curve. Si se hace rodar otro objeto sobre la superficie de goma, la zona hundida que hay alrededor del primer objeto desviará su trayectoria, haciéndole describir una curva.

De manera similar, la Tierra, los planetas y las estrellas se mueven según trayectorias curvas, siguiendo las “depresiones” naturales que hay en el espacio. Hasta los rayos de luz sufren una desviación cuando pasan cerca de objetos grandes del universo. Además, las ecuaciones de Einstein predecían que la luz que viajaba en dirección contraria a la gravedad perdería algo de su energía, como lo indicaba un ligero desplazamiento de las líneas del espectro hacia el rojo. Los físicos denominan a este fenómeno desplazamiento gravitacional hacia el rojo.

Por consiguiente, además de aclarar las discrepancias que surgen de los descubrimientos de Newton, la teoría de Einstein reveló nuevos secretos sobre el funcionamiento de la gravedad en el universo.

Efectos fascinantes

La capacidad que tiene la gravedad de afectar la trayectoria de la luz da origen a algunas consecuencias asombrosas observadas por los astrónomos.

A los que viajan por los desiertos les resultan familiares los espejismos: ilusiones ópticas que tienen la apariencia de agua que reluce sobre el suelo. Hoy día los astrónomos han fotografiado “espejismos” cósmicos. ¿Qué son?

La luz procedente de un objeto distante, que se cree que es el núcleo activo de una galaxia y que recibe el nombre de quásar (objeto cuasiestelar), atraviesa galaxias que interceptan la línea de mira desde la Tierra. Cuando la luz atraviesa las galaxias, las fuerzas gravitatorias tuercen su trayectoria. El torcimiento de la luz forma dos o más imágenes de un único quásar. Un observador terrestre, que piensa que la luz ha venido directamente hacia él, llega a la conclusión de que ve más de un objeto.

Otro fascinante aspecto que surge de la labor de Einstein tiene que ver con los agujeros negros. ¿Qué son y cuál es su relación con la gravedad? Un sencillo experimento da la respuesta.

Trate de arrojar un objeto por encima de su cabeza. Notará que llega a cierta altura, se detiene por un momento y vuelve a caer al suelo. Con la luz es diferente. Un rayo de luz puede escapar de la gravedad de la Tierra porque viaja a suficiente velocidad.

Supongamos ahora que la fuerza de la gravedad fuese mucho mayor, lo suficiente como para impedir que hasta la luz escapase. De un objeto así no podría salir nada. El mismo objeto sería invisible, porque ninguna luz sería capaz de escapar de su gravedad y llegar a los ojos de un observador exterior, de ahí el nombre de agujero negro.

El astrónomo alemán Karl Schwarzschild fue el primero en demostrar en teoría la existencia de los agujeros negros. Aunque hasta ahora no hay ninguna prueba inequívoca de que de verdad existan agujeros negros en el universo, los astrónomos han identificado a varios posibles candidatos. Los agujeros negros también podrían ser las fuentes energéticas enigmáticas de los quásars.

Ondas de gravitación

Sobre la base de los trabajos de Einstein, también podemos afirmar que la gravedad es como una red invisible que todo lo enlaza y que mantiene el universo unificado. ¿Qué sucede cuando esa red sufre alguna perturbación?

Volvamos a la ilustración de la superficie de goma. Supongamos que un objeto que está encima de esta superficie de repente es empujado de un lado a otro. Las vibraciones generadas en la superficie afectarán a los objetos cercanos. De manera similar, si una estrella fuese “empujada” violentamente, podrían generarse en el espacio ondulaciones, u ondas de gravitación. Los planetas, estrellas o galaxias que estuvieran en el camino de una onda de gravitación experimentarían que el mismo espacio se contrae y se expande, como si se tratase de una superficie de goma que vibrase.

En vista de que hasta ahora no se han detectado dichas ondas, ¿qué prueba tienen los científicos de que la teoría de Einstein es correcta? Una de las mejores indicaciones procede de un sistema estelar conocido como púlsar binario. Consiste en dos estrellas de neutrones que describen una órbita alrededor de un centro común, con un período orbital de unas ocho horas. Una de estas estrellas es también un púlsar, una radiofuente que emite impulsos a intervalos regulares que corresponden al tiempo de su rotación, produciendo un efecto parecido al del rayo de luz procedente de un faro. Gracias a la precisa duración de las pulsaciones del púlsar, a los astrónomos les es posible dibujar la órbita de las dos estrellas con gran precisión. Han comprobado que los períodos orbitales disminuyen con lentitud, en total concordancia con la teoría de Einstein de que se emiten ondas de gravitación.

Los efectos de estas ondas de gravitación sobre la Tierra son infinitesimales. Vamos a ilustrarlo: el 24 de febrero de 1987 los astrónomos lograron ver una supernova, una estrella que pasa por una transformación espectacular, pues brilla con el resplandor de millones de soles al irse desprendiendo de sus capas exteriores. Las ondas de gravitación producidas por la supernova solo causarían en la Tierra un temblor de una intensidad equivalente a una millonésima del diámetro de un átomo de hidrógeno. ¿A qué obedece un cambio tan pequeño? A que para cuando las ondas llegasen a la Tierra, la energía se habría esparcido a lo largo de una enorme distancia.

Desconcertante

A pesar de que los conocimientos sobre la gravedad han aumentado mucho, algunos aspectos fundamentales todavía desconciertan a los científicos. Por mucho tiempo se ha afirmado que básicamente existen cuatro fuerzas (interacciones): la fuerza electromagnética —responsable de la electricidad y el magnetismo—, la interacción débil y la fuerte —que actúan dentro del núcleo del átomo— y la fuerza de la gravedad. Pero, ¿por qué hay cuatro? ¿Pudiera darse el caso de que las cuatro fuesen manifestaciones de una sola fuerza fundamental?

Hace poco se ha demostrado que la fuerza electromagnética y la interacción débil son manifestaciones de un fenómeno subyacente —la interacción electrodébil—, y hay teorías, llamadas teorías de gran unificación, que incluyen también la interacción fuerte. Sin embargo, todas estas dejan fuera la fuerza de la gravedad, que parece no encajar con las demás.

Los científicos esperan que experimentos recientes llevados a cabo en el manto de hielo de Groenlandia ofrezcan algunas pistas. Las mediciones efectuadas en un pozo de 2.000 metros de profundidad parecían indicar que la fuerza de la gravedad difería de lo que se esperaba. Experimentos anteriores, llevados a cabo en la profundidad de pozos de minas y en lo alto de torres de televisión, indicaron de igual modo que algo misterioso hacía que los resultados no se ajustasen a las predicciones del modelo newtoniano de la gravedad. Mientras tanto, algunos teóricos tratan de desarrollar un nuevo enfoque matemático: la “teoría de las supercuerdas”, que pretende la unificación de las fuerzas de la naturaleza.

La gravedad es esencial para la vida

Los descubrimientos de Newton y Einstein demuestran que hay leyes que gobiernan los movimientos de los cuerpos celestes y que la gravedad actúa como fuerza de cohesión que mantiene el universo unificado. En un artículo de la revista New Scientist, un profesor de Física llamó la atención a que estas leyes dan muestras de diseño, y dijo: “El cambio más pequeño en las intensidades relativas de las fuerzas relacionadas con la gravedad y el electromagnetismo podría convertir estrellas como el Sol en gigantes azules o enanas rojas. Parece que alrededor de nosotros vemos prueba de que la naturaleza ha calculado todo con una exactitud precisa”.

No podríamos existir sin la gravedad. Piense por un momento: impide que el Sol se desintegre, sosteniendo sus reacciones nucleares, las cuales nos suministran el calor y la luz que necesitamos; mantiene el movimiento de rotación de la Tierra sobre sí misma y el de traslación alrededor del Sol —que resultan en el día, la noche y las estaciones—, e impide que salgamos disparados de la Tierra, como lo hace el barro de una rueda que gira. La atmósfera terrestre se mantiene en su lugar gracias a la fuerza de la gravedad, y la atracción de la gravedad del Sol y de la Luna generan mareas regulares que permiten que las aguas de nuestros océanos circulen.

Gracias a una minúscula concreción localizada en nuestro oído interno (otolito), sentimos la gravedad y aprendemos a tomarla en cuenta desde la infancia cuando caminamos, corremos o saltamos. A los astronautas les resulta mucho más difícil hacer eso cuando tienen que enfrentarse a condiciones de gravedad cero en los vuelos espaciales.

Sí, la gravedad contribuye a que la vida en la Tierra sea normal para nosotros. Sin lugar a dudas es un ejemplo fascinante de las “maravillosas obras” de nuestro Creador. (Job 37:14, 16.)

[Nota a pie de página]

Estas estrellas de neutrones son sumamente densas, con una masa superior a la del Sol, y, sin embargo, no son mayores que una montaña.

[Fotografía en la página 16]

La ley de la gravedad enunciada por Newton afirma que en el vacío una pluma caería a la misma velocidad que una manzana

[Fotografía en la página 18]

Desde la infancia, una minúscula concreción localizada en el oído nos ayuda a tomar en cuenta la fuerza de la gravedad y a mantener el equilibrio

 

LOS DESAFIOS DE LA EDUCACIÓN CHILENA

 

 

La globalización de la economía exige a los  países elevar su competitividad, y la educación ha pasado a considerarse uno de los  factores claves para incrementar la productividad y para agregar valor a los productos de exportación.  Es por eso que tanto las naciones en vías de desarrollo como las que se encuentran en avanzadas etapas de industrialización, hoy día están revisando  y haciendo un examen crítico de sus sistemas educativos. Pero, además, vivimos un dramático cambio de paradigma.  En estos momentos se opera la transición desde una sociedad industrial –consagrada a elevar la escala, los volúmenes y la velocidad de producción, para satisfacer a una demanda masiva-, hacia lo que se ha llamado la sociedad postindustrial.   En ésta, prima el valor que aporta el conocimiento, y se orienta a responder a una demanda diversificada, donde intervienen componentes cada vez más impredecibles, gustos y necesidades vinculados con percepciones subjetivas, volátiles, alimentadas por complejos sistemas de información. En la sociedad industrial, marcada por la usina, el alto horno y la línea de montaje, las exigencias básicas de la educación no iban más allá de un nivel de alfabetización compatible con la comprensión de procesos mecánicos elementales y repetitivos.  En la era postindustrial, en cambio, el conocimiento y la creatividad son fundamentales para generar permanentemente nuevos productos y servicios.  Así, cobran importancia creciente la capacidad de innovación, y  la de manejar un pensamiento abstracto y traducirlo a los términos de la informática. Este desplazamiento desde las funciones mecánicas concretas y reiterativas hacia el ejercicio de un pensamiento abstracto e innovador, crea exigencias nuevas de las que los sistemas educativos deben hacerse cargo para contribuir eficazmente con las transformaciones productivas. De esta forma, la educación es un factor clave para la modernización de la sociedad.  Pero, al mismo tiempo, debe contribuir a resolver los problemas culturales que genera la modernidad, como los derivados de la necesaria sustentabilidad del desarrollo, la masificación de la vida en las grandes ciudades, la disgregación de las comunidades básicas y núcleos de pertenencia.  El otorgar  sentido a la vida individual, e identidad, coherencia y cohesión a nuestra sociedad, pueden  contarse también entre los objetivos educacionales más importantes para hoy y el futuro. p.13Otro de los desafíos que plantea la modernidad a la educación es la rápida obsolescencia del conocimiento, de manera que por sobre los contenidos cobran importancia los procesos formales o conductuales que es necesario manejar para el prendizaje: el aprender a aprender. La pregunta inevitable, entonces, es la siguiente: ¿responde la educación que hoy se entrega a la juventud chilena a todos estos requerimientos y exigencias? Nuestro sistema escolar no parece ni equitativo ni eficiente.  Indudablemente lo fue en otro momento y en otra realidad, pero hoy resulta anacrónico.  Los modelos pedagógicos que se ocupan siguen insistiendo en la clase expositiva, desprovista de encanto, saturada de contenidos desvinculados de los verdaderos intereses de los jóvenes.  Éstos, expuestos a una comunicación de masas llena de estímulos y efectos espectaculares, perciben la clase como algo arcaico, tedioso, inscrito en el área de las obligaciones que deben cumplirse con las cuotas mínimas de entusiasmo y de energía. La clase y la televisión, sin embargo, coinciden en una cosa: ambas propician una actitud pasiva y desincentivan el pensamiento innovador, activo, divergente. Así, nuestro sistema escolar no responde a los requerimientos de un país en pleno proceso de modernización, y podría convertirse en un serio obstáculo para cumplir la oportunidad histórica que tenemos en este momento de llegar a convertirnos en una nación que mantenga un desarrollo sostenido, equitativo y con capacidad para adaptarse a los cambios que se producen cada vez con mayor aceleración en el mundo